El ser humano como generador de violencia y paz

El escrito siguiente es una recopilación de fragmentos de un trabajo mucho más largo de la pluma de Isabel Aguilar Umaña.

Acostumbrados a deambular en una sociedad que nos ha heredado una convivencia bajo estructuras generales e individuales de violencia, los seres humanos hemos perdido la capacidad de asombro. Ésta se sustituye, más bien, por el viejo recurso del morbo, al que se acude cuando las manifestaciones de violencia llegan a transgredir los límites de lo imaginado, o bien, cuando los medios de comunicación se encargan de reforzar y, casi, casi, de bombardear con información que de una u otra forma mueva la conciencia de las sociedades hacia determinados fines. Y sin embargo, la violencia se encuentra no sólo en sus manifestaciones más agudas o visibles (destrucción masiva, guerra, asesinatos, genocidio, atentados terroristas), sino está también arraigada en la convivencia cotidiana de los seres humanos y las colectividades.

Puede decirse, entonces, que la violencia, en sus formas más cotidianas, permanece invisibilizada y tiende a no asombrarnos. Puede decirse que hasta

El símbolo de "amor y paz"

nos parece normal, pues nos hemos acostumbrado tanto a ella que permanecemos incólumes e indiferentes cuando los niños juegan a asesinarse mutuamente, cuando un ladrón es vapuleado hasta el cansancio como consecuencia del delito cometido, o cuando una mujer es violentada por su esposo en aras de la dominación y el machismo.

La violencia se encuentra tan arraigada que el miedo natural que provoca se ha convertido en indiferencia. Ésta es como una especie de mecanismo de defensa internalizado, también, en nuestros patrones culturales.

Así pues, la relación violencia-miedo-indiferencia se encuentra tan afincada en nuestras maneras de ser y existir, que son muy pocas las personas que la advierten, y por ende, la cuestionan o ponen en evidencia sus motivaciones más íntimas.

Escena de el 2 de octubre de 1968. (Foto: Proceso)

La violencia se produce y es generadora de todo un ciclo que deviene en consecuencias de destrucción, abandono, desarraigo, frustración, miedo, apatía y, en el más agudo de los casos, muerte. Pareciera ser como una serpiente que se muerde la cola y despliega una espiral de más violencia y dolor.

Existe una cultura de violencia cuando ésta se ha internalizado en las formas de percibir y conducirse ante el mundo y, por lo tanto, en las formas de responder ante las circunstancias que éste plantea.

Para Vicenç Fisas, “la cultura de la violencia es “cultura” en la medida en que a lo largo del tiempo ha sido interiorizada e incluso sacralizada por amplios sectores de muchas sociedades, a través de mitos, simbolismos, políticas, comportamientos e instituciones, y a pesar de haber causado dolor, sufrimiento y muerte a millones de seres.”

Se dice que existe una cultura de violencia cuando las acciones de naturaleza violenta suelen ser el patrón legítimo de respuesta frente al conflicto. Debe hablarse de cultura de violencia, entonces, cuando ésta resulta ser el mecanismo comúnmente empleado (y también aceptado) para resolver conflictos y mantener conflictividades (y decimos mantener, ya que a travpes de las conflictividades se perpetúan las inequidades y las exclusiones de todo tipo, con lo cual suelen beneficiarse unos grupos, obviamente, en detrimento de otros).

Por su parte, Vicenç Fisas señala los siguientes fundamentos esenciales de la cultura de violencia:

  • el patriarcado y la mística de la masculinidad,
  • la búsquedad del liderazgo, el poder y el dominio,
  • la incapacidad para resolver pacificamente los conflictos,
  • el economicismo generador de desintegración social y su principio de competitividad,
  • el militarismo y el monopolio de la violencia por parte de los Estados,
  • los intereses de las grandes potencias,
  • las interpretaciones religiosas, que permiten matar a otras personas,
  • las ideologías exclusivistas,
  • el etnocentrismo y la ignorancia cultural,
  • la deshumanización (la consideración de otros seres humanos como “objetos”,
  • el mantenimiento de estructuras que perpetúan la injusticia y la falta de oportunidades y de participación.

Comprender, entonces, los resortes más profundos de la cultura del conflicto, que pueden generar una cultura de violencia, miedo e indiferencia, es un primer paso para aprestarse a la transformación hacia una cultura de paz.

 En dichas transformaciones, indudablemente, la educación habrá de jugar un papel de importancia. Si decimos que la cultura es transmisible, aprehensible y modificable, buena parte de este ciclo de construcción está conformada por elementos de naturaleza educativa.

Cabe, sin embargo, entender a la educación no sólo como un proceso escolarizado, sino desde un punto de vista holístico que involucra precisamente a las diferentes manifestaciones de la cultura (lenguaje, espiritualidad, religiosidad, expresiones simbólicas, medios masivos de comunicación, economía, política, escolaridad, etc.).

Una cultura, por más internalizada y legitimada que se encuentre, puede entonces modificarse. Esta posibilidad se convierte en un imperativo cuando se trata de transformar la cultura de violencia en una cultura de paz.

Aunque se ha repetido ya casi a la altura del slogan, la paz no es la mera ausencia de guerra. No es, tampoco, la ausencia de conflicto, pues como se ha visto, el conflicto no es negativo en sí mismo sino, dependiendo de su abordaje, puede convertirse en motor del cambio social.

Un abrazo de solidaridad, tolerancia y comprensión ayuda a la paz

Como se ve, la educación para la paz requiere ir más allá de la lucha en contra de la violencia en su manifestación directa. También requiere la lucha por la democracia, el Estado de Derecho y la vigencia de los Derechos Humanos, como mecanismos que las mismas sociedades contemporáneas han ido estableciendo con el propósito de lograr todo aquello que conforma la paz positiva a la que se refiere Fisas.

La educación para la paz, en aras de lograr la transformación hacia la cultura de paz, requiere también una educación sobre el conflicto y las maneras no-violentas de abordarlo. “Educar para la paz, sin duda alguna, implica educar sobre el conflicto, que no debe ser confundido con la violencia. Como nos recuerda Galtung, ‘educar para la paz es enseñar a la gente a encararse de manera más creativa, menos violenta, a las situaciones de conflicto y darle los medios para hacerlo.”

Congruentes con la idea de que la educación para la paz es también la educación que busca modificar radicalmente las condiciones de la violencia estructural, dícese entonces que “En cierta medida, la educación sobre el conflicto y para la paz es una educación para superar positivamente las tensiones y contradicciones que vive nuestra sociedad, que no son pocas, y que el Informe Delors sintetiza con el siguiente listado:

  • la tensión entre global y local: convertirse progresivamente en ciudadanos del mundo sin perder sus raíces,
  • la tensión entre universal e individual: el carácter único de cada ser humano, su vocación de escoger su propio futuro y realizar su pleno potencial,
  • la tensión entre la tradición y la modernidad: adaptarse al cambio sin girar la espalda al pasado. Asimilar el progreso científico,
  • la tensión entre consideraciones a largo plazo y a corto plazo: la opinión pública reclama respuestas rápidas y soluciones inteligentes, cuando muchos problemas requieren una estrategia de reforma paciente, concertada y negociada,
  • la tensión entre la indispensable competición y el interés por la igualdad de oportunidades. Es necesario conciliar tres fuerzas: la competición, que estimula,
  • la cooperación, que da fuerza; y la solidaridad, que une,
  • la tensión entre la expansión extraordinaria del conocimiento y la capacidad de los seres humanos de asimilarla,
  •  la tensión entre lo espiritual y lo material: la educación tiene la noble tarea de animar a cada persona, de acuerdo con sus tradiciones y convicciones, y respetar plenamente el pluralismo, a elevar su mente y su espíritu al nivel de lo universal, y en cierta medida, trascendirse.”

About these ads

8 pensamientos en “El ser humano como generador de violencia y paz”

  1. Me gusta mucho esta forma de trabajar, el video esta muy padre y ahora voy abrazar a todos por que los amo, también a todos los perros del mundo

    1. Hola Mariana, Me agrade que te motive. Por cierto, cuidado con los perros, no te vayan a morder. Que tengas una buena tarde.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s