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Relativismo cultural

El relativismo cultural sostiene que todas las culturas son iguales, que valen lo mismo. Cada sociedad, cada cultura es absoluta y no se puede comparar con ninguna otra, porque cada una de ellas tiene sus valores propios, mientras que el pluralismo lo que define es que hay una pluralidad de culturas pero que unas son mejores que otras y dentro de cada cultura puede haber diferencias.

La defensa indiscriminada de la diversidad cultural es presentada a menudo como una forma de combatir el imperialismo, promover la tolerancia y propiciar el igualitarismo entre las culturas.

Pero el culto a la diferencia es conservador, de derechas y fomenta la discordia entre los pueblos. Porque aunque aparentemente coloca a todas las culturas en el mismo plano, los valores de cada cultura terminan siendo absolutos y sin posibilidad de ser discutidos desde la racionalidad. Están fuera de toda critica.

Por tanto, aunque el relativismo cultural sea una manera científicamente aceptable de referirse a las diferencias culturales, no constituye la única actitud científicamente admisible.

El relativismo pone en cuestión los derechos del hombre y eso nos llevaría a pensar que tradiciones como la ablación del clítoris, el canibalismo, la lapidación o la pobreza son rasgos culturales dignos de ser conservados como logro valiosos.

Los nativos de estas culturas pueden considerar que estas practicas son una parte irrenunciable de su identidad cultural y los intentos de combatir estas tradiciones, como actos de imperalismo cultural destinados a destruir su identidad. Estas practicas y muchas otras atentan contra los derechos más elementales de las personas.

Niño de la tribu yanomami de la Amazonia venezolana

Existen unos derechos éticos universales por encima de las construcciones culturales. Por tanto, todas las culturas que mantienen estas prácticas no son dignas de respeto porque no contienen valores defendibles. El respeto por la integridad humana impide respetar cualquier pauta intercultural.

Es verdad que estos principios chocan con normas morales vigentes en muchas culturas, incluidas la nuestra, pero podríamos considerar que mientras que las normas éticas son consustanciales a todas las personas, las normas morales son solo inherentes a cada cultura.

También la ciencia podría englobarse dentro de este planteamiento, pues el conocimiento también debe adquirir categoría de validez universal. Aunque las bases de la ciencia hayan partido de una cultura concreta, una vez constituida es universal y por tanto no forma parte de una cultura. Y debe ser común a todos los pueblos.

Aquí se plantea un dilema. ¿Deben ser todas las culturas respetadas y dejadas de
la mano de la modernidad? ¿Juega siempre la civilización occidental como
cultura hegemónica, un papel globalizador perjudicial para las culturas mas
‘atrasadas’? ¿Cómo y quién ha de marcar las pautas de validez para los
valores culturales? ¿Quién esta legitimado y desde dónde?

Quizás una frase de Nietzsche nos dé una aproximación a las respuestas:

La verdad no es una cosa que existiría y que se trataría de encontrar, de descubrir, sino una cosa que es preciso crear y que permite denominar un determinado proceso, más aún permite a una voluntad forzar los hechos hasta el infinito; introducir verdad en los hechos no es la inserción en la conciencia de una realidad sólida y determinada por sí misma. Es uno de los nombres para designar la voluntad de poder.

Al intentar evaluar el relativismo cultural, debemos reconocer que sin duda
podríamos aprender muchas cosas de otras culturas. Nunca debemos caer en la
creencia de que nuestra cultura tiene todas las respuestas. Ninguna cultura
tiene el monopolio completo de la verdad. Asimismo, los cristianos deben
cuidarse de suponer que su perspectiva cristiana de sus experiencias culturales
deberían ser normativas para todas las demás culturas.

El relativismo cultural enfrenta otros problemas filosóficos. Por ejemplo, es insuficiente decir que la moral se originó en el mundo y que está cambiando constantemente. Los relativistas culturales tienen que contestar cómo se originó el valor del no valor. ¿Cómo surgió el primer valor?

Además, ¿hay lugar para que personas valientes desafíen la norma cultural y luchen contra el mal social? El relativismo moral no parece dejar ningún lugar para los reformadores sociales. El movimiento abolicionista, el movimiento sufragista y el movimiento de los derechos civiles son todos ejemplos de movimientos sociales que fueron en contra de las circunstancias sociales de la cultura. Abolir la esclavitud y dar derechos a los ciudadanos son cosas buenas,
aun cuando fueran resistidas por muchas personas dentro de la sociedad.

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Desidentidades por Canek Sánchez Guevara

Hernán Cortés y La Malinche según el gran muralista mexicano José Clemente Orozco

Publicado por Canek Sánchez Guevara en su columna Diario sin motocicleta de M Semanal, número 720 de agosto 22 de 2011.

Hace unas noches, invitado por un excelente amigo, asistí a la presentación en sociedad de   la Academia de Genealogía e Historia de Panamá. Aunque los actos oficiales y académicos tienden a aburrirme, asistí arrastrado por la curiosidad, en parte porque la institución que la acoge es una exclusiva universidad católica(por tanto ajena a mi cosmos habitual) y, en parte, porque me encuentro en un país también ajeno a los míos. Mucha fue mi sorpresa cuando el flamante director y los flamantes miembros directivos (mi flamante amigo, que es un tipo listo, quedó como Tesorero) juraron respetar las reglas de la Academia, etcétera, y una voz que me pareció de ultratumba, respondió: “Si así fuere, que Dios y la Patria los premie, o de lo contrario, los castigue”. El acto, que comenzó con el himno nacional, se alargó por intervenciones de diversos miembros, pero hubo algo que me distrajo de todo lo demás: uno de los directivos mencionó que la Academia aspiraba a participar “en la configuración de la identidad nacional”.

La tan mentada identidad nacional me sigue pareciendo la fantasía ideológica más cara a los nacionalistas de toda calaña y condición, y el término, aunque sea pronunciado por intachables investigadores liberales, me asusta, pues me recuerda siempre a los discursos autoritarios de derecha y de izquierda. Soy de los que piensa que son más importantes conceptos como sociedad, ciudadanía o cultura; que la “identidad nacional” tiende a excluir a quienes no la practican, aunque nunca me quede claro cómo se puede practicar tal cosa, ni qué significa en los tiempos que corren. Así, en Panamá, uno bien podría preguntarse qué tienen en común, identitariamente hablando, un hacendado de Chiriquí, un indígena de Kuna Yala (cuya bandera incluye una esvástica que, según entiendo, representa al pulpo creador del mundo), otro de la comarca de Ngöbe-Buglé, un rastaman de Colón y un joven posmoderno y clasemediero de la capital. Aparte de los llamados símbolos nacionales y de una serie de condiciones político-administrativas que los sujetan por igual, sus vidas discurren por mundos distintos, se nutren de diversos simbolismos y, sin duda alguna, producen y protegen   identidades distintas.

Nuestro tiempo está signado por la diferencia. Si hay algo que por encima de todas las cosas alimenta todavía los ideales de libertad, de igualdad e incluso de fraternidad es, con justeza, el respeto a la diferencia, o, mejor aún, a “las diferencias”. Es la certeza de un mundo plural lo que mueve al mundo de nuestro tiempo, siendo los retrógrados los interesados en abolir tal condición. Cuando oigo hablar de identidad nacional pienso siempre en su imposibilidad, pues lo que hay son identidades nacionales. Cuando escucho en el acto antes descrito las palabras Dios y Patria, pienso que hay dioses y patrias; que todo Estado moderno no es otra cosa más que la unión, voluntaria o no, de diversas naciones y culturas, diversas identidades y cosmogonías, diversas deidades, diversas lenguas y que, en consecuencia, es absurda la idea de una identidad nacional.

Está de moda en estos tiempos de globalización acelerada apelar a la “identidad nacional” como elemento resistente, olvidando que ese mismo término fue empleado por los reaccionarios de antaño ante la invasión “extranjerizante” de las ideologías de izquierda. Si ahora el miedo se llama trasnacional, entonces se llamaba internacionalista. La “identidad nacional”, sea cual sea el caso, apela siempre a un absolutismo, a una homogeneidad del todo incompatible con la realidad multicultural de nuestra era. ¿Cómo defender —por ejemplo— esa identidad unívoca y, al mismo tiempo, el derecho a la diferencia que en todo terreno, desde la sexualidad hasta el uso de las lenguas indígenas, se ha vuelto eje de la modernidad? Lo preocupante, en todo caso, no es que el concepto lo enarbole un grupo de académicos de edad madura, ni sorprende que lo usen los viejos políticos nacionalistas; lo que de verdad me rompe las neuronas es oírlo en boca de jóvenes que oyen rock y música africana, leen poesía francesa, filosofía alemana, les atrae el budismo, los revolucionarios rusos, la mitología maya, los dibujos animados japoneses, el cine chino, la comida italiana, la ropa de la India, las pirámides egipcias y aztecas, el futbol (que, según quien lo cuente, es inglés o italiano) y encima —sí, encima—, hablan con total seriedad de la “identidad nacional”. O del deseo de tenerla.

Todo país es fruto de conquistas y migraciones anteriores, y cada uno de esos asaltos influye en la identidad. Toda nacionalidad es más o menos moderna. Toda cultura propia es en realidad una apropiación de culturas otras. A la vez, sería absurdo negar ciertas características culturales claras y definitorias en cada nación, pero éstas existen sin importar nuestros esfuerzos por reforzarlas o denostarlas. Existen y se transforman.

En la noche, al volver a la pensión, me enchufo los audífonos y pongo algo de hip-hop panameño, tan igual y tan distinto a otros que he escuchado. Ciertas palabras y frases son únicas, así como un mundo de referencias políticas y culturales. La forma en que afrontan el tropicalismo y sus ritmos es diferente respecto a otros trópicos. El rapero no se cuestiona su identidad nacional, se limita a ejercerla como y hasta donde sabe. No necesita gritar “¡Soy panameño!” ni  “¡Viva Panamá!” para saberlo y sentirlo. Tampoco inventa una nueva música, recicla la ya existente.

Luego leo un rato una novela panameña —la tercera en estos días— donde se narran fragmentos de país, de cultura, de identidad, a veces en tiempos pretéritos, a veces en presente. Se habla de diversas clases sociales, de distintas regiones del país, de varias generaciones, y de las diferencias evidentes entre todos esos fragmentos. Se habla, también, de lo que tienen en común. Justo antes de quedarme dormido me pregunto una vez más en qué consiste la panameñidad, y aunque sé que nunca podré responder tal pregunta, sé también que reconozco —aunque sea incapaz de enumerarlos— la multitud de pequeños gestos que la diferencian de los vecinos. La identidad nacional aparece entonces nebulosa, entre bostezos, y plena de diferencias en su seno. También llena de gestos comunes con otras tantas identidades nacionales.

Y sonrío, siempre y cuando nadie insista en volverla un absoluto, ni en someterla, ni en someternos a ella

Aculturación y transculturación

La transculturación se refiere al proceso mediante el cual ocurre una transmisión de hábitos o costumbres de una cultura a otra. En este proceso existe un contacto entre personas de distintas culturas, en el cual ambas personas empiezan a compartir su cultura; pero durante este proceso existe una cultura predominante, esta cultura “predominante” es la que influye más en la otra y de la cual poco a poco, se adoptan más rasgos culturales, mientras la otra cada vez pierde más su propia identidad (aculturación).

El proceso de aculturación se refiere al proceso por el cual se cambia la cultura propia [total o parcialmente] por la de otros. Ambos procesos (transculturación y aculturación) juegan un papel muy importante en la formación de la identidad, la cultura que rodea al individuo define su identidad y mediante el proceso de transculturación y aculturación la cultura original sufre una alteración y por lo tanto la trayectoria de la formación de la identidad del individuo cambia; debido a que en la cultura original hay nuevos factores que redireccionan el proceso para la definición de su identidad. Estos dos procesos están ligados a la cultura; el papel primordial que juega cada uno es el de transmisión y asimilación de la
cultura, estos procesos traen beneficios y afectaciones, positivos y negativos
como: Enriquecimiento de la cultura, un conocimiento generado a partir de
puntos de vista distinto, la pérdida parcial o total de una de las culturas, etc.

Desde una perspectiva histórica veremos cómo se desarrollan estos procesos. Se cuestiona sobre la identidad en la medida que hay un conflicto y un desequilibrio que la pone en evidencia. En América esta problemática se cristaliza desde fines del siglo XV, con el llamado “descubrimiento”. Esa partir del reconocimiento de la diferencia en que se estructura y elabora la identidad y quizás este factor fuese aún más determinante en los periodos de la conquista y la colonia en cuanto los grupos confrontados eran claramente diferenciables (racial y culturalmente). No obstante, llegadas las independencias y la época moderna, se consolidan las identidades nacionales, no supeditadas a la comparación extracontinental, sino a partir de características internas.

En la conquista, el primer encuentro no es otra cosa que un choque de ambas culturas (la indígena con la occidental); y es tan fuerte, que ni unos ni otros logran comprenderlo y asimilarlo bien. En ese intento de querer entender a los otros, ambos no hacen más que proyectar sus propias creencias, certezas y expectativas, contrapuntos que se reducen, se tocan y se descifran, sin embargo, en el ámbito religioso. Si en la conquista y colonización se intenta despojar y desprender a los indios de su cultura (proceso de aculturación) es para imponer una nueva cultura (proceso de transculturación). No obstante, esta planificación no resulta del todo certera y es que si la relación de la cultura dominada fuese de transculturación, de asimilación, no habría disyuntiva, pues estaría aceptada sin más la cultura dominante. No se desconoce que hubo aculturación, es decir, una pérdida cultural; empero la presencia del“traumatismo persistente” devela otra realidad (el supuesto alto grado de transculturación no fue tal). Desde un punto de vista etnoliterario percibimos la visión que tienen los indígenas en los periodos de la conquista y de la colonia respecto a la llegada de los hombres blancos (dzules) y a la cultura que se impone. Tal es el caso, en la cultura maya, de los libros del Chilam Balam, con las predicciones del Katún 11 Ahau. Estos textos nos muestran, no sólo la toma de conciencia, por parte de estos pueblos, del giro histórico que les tocaba padecer, sino, principalmente la preocupación por el futuro de su civilización y su cultura. No obstante, a pesar de estos dolidos lamentos,o quizás gracias a ellos, en tanto se dan a conocer, no sólo por la oralidad sino a través de su translación, transcripción y plasmación a la escritura, logran revitalizar sus tradiciones, más allá de la pérdida que supuso la supresión y destrucción de gran parte de sus patrimonios culturales (templos, bibliotecas, pinturas, etc.), espacio vacío que, por otra parte, es “llenado” con la nueva cultura.

Evolución de la indumentaria

El hombre es el único animal racional, y no sabemos si esa será la explicación
de que sea el único que se viste. Desde el principio de los tiempos hasta
nuestros días, su vestimenta ha sufrido numerosas transformaciones que en la
mayoría de los casos han sido debidas al descubrimiento de nuevos tejidos y
materiales e, indudablemente, a las tendencias que dictan los diseñadores y la
moda en general.

Bolso: Usado por los romanos, que lo llamaban bursa, en el siglo I a. de C., era una simple bolsa. Con el paso del tiempo fue convirtida en un accesorio exclusivamente femenino. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la mujer comenzó a incorporarse al mundo laboral, se pusieron de moda las bandoleras para tener libres las mano.

Botones: Utilizado desde la prehistoria pero fabricado en serie desde le siglo XII. Siempre presente en el vestuario masculino. Durante la Edad Media eran de cuerno o de cristal. Perdieron su rigor útil y ganaron en estética cuando la alta costura lo feminizó y a partir de 1930. Resinas sintéticas fueron las culpables de poder fabricar botones de cualquier forma y color más insospechados.

Blusa: En el siglo XV a. de C. las mujeres ya utilizaban blusas ceñidas con un cinturón. Durante varios siglos fue la prenda de las campesinas, y en este siglo se relevó por otra más ligera para acompañar a los primeros trajes femeninos. La aparecieron de las blusas escotadas, en 1913, hizo que se llamasen camisas de neumonía.

Calzoncillos: Hasta 1920 los hombres los llevaban largos. En el año 1939 nació el slip en Estados Unidos. Curiosamente, el 70 por 100 son comprados por mujeres.

Camisa: Creada por los griegos en el siglo V a. de C. Desde entonces sus formas, tejidos y colores han ido cambiando constantemente. Fue la prenda de los proletarios durante muchos tiempo, por lo que los burgueses la ocultaban, pero actualmente su uso está asociado a la respetabilidad y la elegancia. Como curiosidad, IBM obligó a sus empleados llevar siempre camisa blanca como símbolo de la honestidad de la compañía.

Corbata: Su origen se encuentra en 1668, cuando Luis XIV hizo llegar a Francia un regimiento de tropas mercenarias croatas que transportaban una tira alrededor del cuello. A los franceses les gustó y continuaron esa moda integrándola en su vestuario; dos siglos después, los dandis ingleses crearon el nudo. Símbolo de la respetabilidad burguesa hasta los años cincuenta del siglo XX, después eclipsada por los jerséis de cuello vuelto, pero en la década de los ochenta volvió con todo su esplendor. En la actualidad 600 millones de hombres se la anudan diariamente.

Chaleco: También surgió bajo el reinado de Luis XIV. En sus comienzos llevaba encajes con escenas inspiradas en la actualidad política y social del momento. Tras decaer su uso en los años cuarenta, la moda a finales de los ochenta regresó tímidamente.

Chaqueta: Nació en el siglo XVIII en Francia como una prenda para montar a caballo, de ahí la raja situada en la espalda. En 1860, Napoleón III la hizo más sobria, y en los años cincuenta los modistos la liberaron de la rigidez de su corte inicial.

Falda: La primera falda, de piel, pareció hace ya 600.000 años y desde entonces esta prenda nunca ha abandonado a la mujer. En el año 1915 la moda enseñó los tobillos femeninos, pero la auténtica revolución llegó en 1965 gracias a Mary Quant, con el lanzamiento de la minifalda.

Guantes: Los mitones, primera prenda para proteger las manos del frío, apareció en el norte de Europa hace diez mil años. En las pirámides egipcias se encontraron los primeros guantes, cuya finalidad era, fundamentalmente, estética. En su origen eran un accesorio dedicado al mundo masculino, pero más tarde fueron imprescindibles para el femenino ya que hasta el siglo XIX una mujer decente nunca salía a la calle sin llevar guantes puestos.

Medias: Las mujeres las usan desde el siglo XVI. Eran de lana o seda hasta la invención del nylon, en 1939. En 1968 llegó un duro rival con los leotardos confeccionados en nuevos materiales, como lycra y poliamida.

Pantalón: Su nombre se le atribuye a San Pantaleón, médico, mártir del siglo IV y patrón de Venecia. Ya hace 4.000 años los nómadas de Centroeuropa llevaban bombachos atados a la cintura. Pero el pantalón, tal y como lo conocemos hoy en día, apareció en 1830. Y en 1860 se creo el vaquero o jean por el bávaro emigrado Levi Strauss, en San Francisco, durante la fiebre del oro.

Sujetador: Las primeras en utilizarlo fueron las mujeres cretenses unos 1.700 años a. de C. Pero el sujetador, tal y como lo conocemos hoy, es reciente; nació en 1914 pero su uso se generalizó en los años cincuenta. Después, con la influencia del movimiento beatnik y la moda de lo natural, tuvo cierto retroceso, recuperado en los últimos años, para convertirse convertido en la estrella de la lencería femenina. Últimamente ha habido innovaciones con de esta prenda como el Wonderbra.

Zapatos: Unas sandalias de papiro en Egipto y que datan del 2000 a. de C. son el antecedente encontrado más remoto. Los primeros zapatos como tales son unos de tipo mocasín hallados en Babilonia que tienen una antigüedad de 3.600 años

Innovaciones de la moda en 80 años:
1914: Llega el primer sujetador.
1934: Se comercializa el slip masculino.
1939: Comercialización del nylon.
1939: La mujer comienza a usar pantalón.
1955: El jean causa furor en Europa
1959: Du Pont de Nemours inventa la lycra.
1965: La minifalda enseña la rodilla.
1975: Moda punk.
1980: Se crea la moda yuppy.
1985: Auge de la moda interior.
1989: Los japoneses inventan la microfibra.
1994: Aparecen las prendas vivas.
2000: Llega la ropa inteligente.

 

 

Diversidad de vestimenta

A continuación hay tres videos que hablan sobre la vestimenta de tres formas diferentes. Analicen los tres videos y busquen similitudes y diferencias.

La vestimenta en este primer caso representa una afrenta al sistema imperante o sea para las mentes conservadoras y las mujeres toman por su cuenta la forma de contestar la afrenta.

Lo trascendente de las ropas del cura es su simbolismo para los creyentes en esa religión.

A continuación pongan atención a la moda de los años sesenta. La moda de los hippies; una moda que representa unidad social y grupal.

En muchas partes del mundo moderno la gente se viste de manera similar. Sin
embargo las ropas tradicionales son todavía la opción más práctica en algunas
regiones. En países muy cálidos, las túnicas largas, los turbantes y velos
protegen del sol y del excesivo calor.

En las regiones árticas, los esquimales y los siberianos se abrigan con cueros y pieles.

En muchos lugares los trajes tradicionales se usan en ceremonias especiales. La manera como se visten las personas, indican con frecuencia que se pertenece a un grupo determinado. Este es el caso de los escoceses, que varían su vestimenta de un clan o grupo familiar a otro.

La forma de vestir y los adornos de algunos grupos africanos muestran a qué tribu pertenecen y a menudo también cuál es la edad de las personas.

En nuestro país numerosos grupos étnicos tienen su vestimenta particular.

Diversidad cultural I

Todas las personas, grupos y comunidades tienen una manera específica de ver al mundo y comprenderlo, de relacionarse con su entorno, de concebir los problemas y retos que enfrentan y de responder a ellos, así como de asignar valor a sus recursos y reglas para su disposición por sus integrantes, por lo que cada grupo social y comunidad tienen características específicas que los hacen ser diversos.

No es lo mismo hablar de diferencia que de diversidad. Si hablamos de diferencia, tenemos un punto obligado de referencia. Somos diferentes en algo específico. A menudo, este punto de referencia queda establecido para todos de acuerdo con los criterios de un grupo determinado. Así, la historia nos dice que las comunidades indígenas de México con frecuencia son evaluadas de acuerdo con las diferencias que tienen respecto a las poblaciones no indígenas.

Cuando se usa el concepto diversidad, por el contrario, cada persona, cada grupo, cada comunidad necesita hablar de lo que es, de sus haberes, sus recursos, sus historias y proyectos, en suma, de su identidad. Porque lo diverso se define en relación consigo mismo y en relación con los otros, con los diferentes.

Todos y cada uno de los pueblos indígenas de México son diversos y esa diversidad es la que constituye una fuente de riqueza para todos: ellos tienen propuestas para relacionarse con la naturaleza con respeto; tienen maneras propias de concebir los problemas y de resolverlos, cuentan con una gran variedad de puntos de vista desde donde mirar los problemas del mundo; su vida diaria nos ofrece modelos para establecer relaciones interpersonales y sociales para vivir la reciprocidad, la solidaridad o la relación con los antepasados y los que todavía no nacen. También nos enseñan con tenacidad y persistencia cómo la identidad asumida a fondo es fuente de energía e insumo para la resistencia.

La nación mexicana tiene una gran diversidad sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. Podemos conocerla, fortalecerla, acrecentarla y enriquecernos con ella. Al relacionarnos con respeto con sus descendientes, se convierten en fuente de originalidad y pluralidad, materia de innovación, creatividad, intercambio y enriquecimiento para todos. Para la UNESCO, así como para el género humano, la diversidad cultural es tan necesaria como lo es la diversidad biológica para los organismos vivos, razón por la que constituye un patrimonio común que pertenece a la humanidad y que debe ser reconocido y salvaguardado en beneficio de las generaciones presentes y futuras, ya que también es fuente de desarrollo económico, intelectual, moral y social. Asimismo, considera que todas las culturas tienen el derecho a desarrollarse en condiciones de igualdad por lo que identifica la permanencia de la diversidad cultural como un derecho humano.

Por lo anterior, las políticas que favorecen la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz, en virtud de que el pluralismo cultural constituye la respuesta política a la existencia misma de la diversidad cultural y al desarrollo de las capacidades creadoras que alimentan la vida pública. También establece que los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son universales, indisociables e interdependientes.

En resumen, toda persona debe tener la posibilidad de expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que lo desee y en particular en su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural; toda persona debe tener la posibilidad de participar en la vida cultural que elija y conformarse a las prácticas de su propia cultura, dentro de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.