Evolución de la indumentaria

El hombre es el único animal racional, y no sabemos si esa será la explicación
de que sea el único que se viste. Desde el principio de los tiempos hasta
nuestros días, su vestimenta ha sufrido numerosas transformaciones que en la
mayoría de los casos han sido debidas al descubrimiento de nuevos tejidos y
materiales e, indudablemente, a las tendencias que dictan los diseñadores y la
moda en general.

Bolso: Usado por los romanos, que lo llamaban bursa, en el siglo I a. de C., era una simple bolsa. Con el paso del tiempo fue convirtida en un accesorio exclusivamente femenino. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la mujer comenzó a incorporarse al mundo laboral, se pusieron de moda las bandoleras para tener libres las mano.

Botones: Utilizado desde la prehistoria pero fabricado en serie desde le siglo XII. Siempre presente en el vestuario masculino. Durante la Edad Media eran de cuerno o de cristal. Perdieron su rigor útil y ganaron en estética cuando la alta costura lo feminizó y a partir de 1930. Resinas sintéticas fueron las culpables de poder fabricar botones de cualquier forma y color más insospechados.

Blusa: En el siglo XV a. de C. las mujeres ya utilizaban blusas ceñidas con un cinturón. Durante varios siglos fue la prenda de las campesinas, y en este siglo se relevó por otra más ligera para acompañar a los primeros trajes femeninos. La aparecieron de las blusas escotadas, en 1913, hizo que se llamasen camisas de neumonía.

Calzoncillos: Hasta 1920 los hombres los llevaban largos. En el año 1939 nació el slip en Estados Unidos. Curiosamente, el 70 por 100 son comprados por mujeres.

Camisa: Creada por los griegos en el siglo V a. de C. Desde entonces sus formas, tejidos y colores han ido cambiando constantemente. Fue la prenda de los proletarios durante muchos tiempo, por lo que los burgueses la ocultaban, pero actualmente su uso está asociado a la respetabilidad y la elegancia. Como curiosidad, IBM obligó a sus empleados llevar siempre camisa blanca como símbolo de la honestidad de la compañía.

Corbata: Su origen se encuentra en 1668, cuando Luis XIV hizo llegar a Francia un regimiento de tropas mercenarias croatas que transportaban una tira alrededor del cuello. A los franceses les gustó y continuaron esa moda integrándola en su vestuario; dos siglos después, los dandis ingleses crearon el nudo. Símbolo de la respetabilidad burguesa hasta los años cincuenta del siglo XX, después eclipsada por los jerséis de cuello vuelto, pero en la década de los ochenta volvió con todo su esplendor. En la actualidad 600 millones de hombres se la anudan diariamente.

Chaleco: También surgió bajo el reinado de Luis XIV. En sus comienzos llevaba encajes con escenas inspiradas en la actualidad política y social del momento. Tras decaer su uso en los años cuarenta, la moda a finales de los ochenta regresó tímidamente.

Chaqueta: Nació en el siglo XVIII en Francia como una prenda para montar a caballo, de ahí la raja situada en la espalda. En 1860, Napoleón III la hizo más sobria, y en los años cincuenta los modistos la liberaron de la rigidez de su corte inicial.

Falda: La primera falda, de piel, pareció hace ya 600.000 años y desde entonces esta prenda nunca ha abandonado a la mujer. En el año 1915 la moda enseñó los tobillos femeninos, pero la auténtica revolución llegó en 1965 gracias a Mary Quant, con el lanzamiento de la minifalda.

Guantes: Los mitones, primera prenda para proteger las manos del frío, apareció en el norte de Europa hace diez mil años. En las pirámides egipcias se encontraron los primeros guantes, cuya finalidad era, fundamentalmente, estética. En su origen eran un accesorio dedicado al mundo masculino, pero más tarde fueron imprescindibles para el femenino ya que hasta el siglo XIX una mujer decente nunca salía a la calle sin llevar guantes puestos.

Medias: Las mujeres las usan desde el siglo XVI. Eran de lana o seda hasta la invención del nylon, en 1939. En 1968 llegó un duro rival con los leotardos confeccionados en nuevos materiales, como lycra y poliamida.

Pantalón: Su nombre se le atribuye a San Pantaleón, médico, mártir del siglo IV y patrón de Venecia. Ya hace 4.000 años los nómadas de Centroeuropa llevaban bombachos atados a la cintura. Pero el pantalón, tal y como lo conocemos hoy en día, apareció en 1830. Y en 1860 se creo el vaquero o jean por el bávaro emigrado Levi Strauss, en San Francisco, durante la fiebre del oro.

Sujetador: Las primeras en utilizarlo fueron las mujeres cretenses unos 1.700 años a. de C. Pero el sujetador, tal y como lo conocemos hoy, es reciente; nació en 1914 pero su uso se generalizó en los años cincuenta. Después, con la influencia del movimiento beatnik y la moda de lo natural, tuvo cierto retroceso, recuperado en los últimos años, para convertirse convertido en la estrella de la lencería femenina. Últimamente ha habido innovaciones con de esta prenda como el Wonderbra.

Zapatos: Unas sandalias de papiro en Egipto y que datan del 2000 a. de C. son el antecedente encontrado más remoto. Los primeros zapatos como tales son unos de tipo mocasín hallados en Babilonia que tienen una antigüedad de 3.600 años

Innovaciones de la moda en 80 años:
1914: Llega el primer sujetador.
1934: Se comercializa el slip masculino.
1939: Comercialización del nylon.
1939: La mujer comienza a usar pantalón.
1955: El jean causa furor en Europa
1959: Du Pont de Nemours inventa la lycra.
1965: La minifalda enseña la rodilla.
1975: Moda punk.
1980: Se crea la moda yuppy.
1985: Auge de la moda interior.
1989: Los japoneses inventan la microfibra.
1994: Aparecen las prendas vivas.
2000: Llega la ropa inteligente.

 

 

Diversidad de vestimenta

A continuación hay tres videos que hablan sobre la vestimenta de tres formas diferentes. Analicen los tres videos y busquen similitudes y diferencias.

La vestimenta en este primer caso representa una afrenta al sistema imperante o sea para las mentes conservadoras y las mujeres toman por su cuenta la forma de contestar la afrenta.

Lo trascendente de las ropas del cura es su simbolismo para los creyentes en esa religión.

A continuación pongan atención a la moda de los años sesenta. La moda de los hippies; una moda que representa unidad social y grupal.

En muchas partes del mundo moderno la gente se viste de manera similar. Sin
embargo las ropas tradicionales son todavía la opción más práctica en algunas
regiones. En países muy cálidos, las túnicas largas, los turbantes y velos
protegen del sol y del excesivo calor.

En las regiones árticas, los esquimales y los siberianos se abrigan con cueros y pieles.

En muchos lugares los trajes tradicionales se usan en ceremonias especiales. La manera como se visten las personas, indican con frecuencia que se pertenece a un grupo determinado. Este es el caso de los escoceses, que varían su vestimenta de un clan o grupo familiar a otro.

La forma de vestir y los adornos de algunos grupos africanos muestran a qué tribu pertenecen y a menudo también cuál es la edad de las personas.

En nuestro país numerosos grupos étnicos tienen su vestimenta particular.

Diversidad cultural I

Todas las personas, grupos y comunidades tienen una manera específica de ver al mundo y comprenderlo, de relacionarse con su entorno, de concebir los problemas y retos que enfrentan y de responder a ellos, así como de asignar valor a sus recursos y reglas para su disposición por sus integrantes, por lo que cada grupo social y comunidad tienen características específicas que los hacen ser diversos.

No es lo mismo hablar de diferencia que de diversidad. Si hablamos de diferencia, tenemos un punto obligado de referencia. Somos diferentes en algo específico. A menudo, este punto de referencia queda establecido para todos de acuerdo con los criterios de un grupo determinado. Así, la historia nos dice que las comunidades indígenas de México con frecuencia son evaluadas de acuerdo con las diferencias que tienen respecto a las poblaciones no indígenas.

Cuando se usa el concepto diversidad, por el contrario, cada persona, cada grupo, cada comunidad necesita hablar de lo que es, de sus haberes, sus recursos, sus historias y proyectos, en suma, de su identidad. Porque lo diverso se define en relación consigo mismo y en relación con los otros, con los diferentes.

Todos y cada uno de los pueblos indígenas de México son diversos y esa diversidad es la que constituye una fuente de riqueza para todos: ellos tienen propuestas para relacionarse con la naturaleza con respeto; tienen maneras propias de concebir los problemas y de resolverlos, cuentan con una gran variedad de puntos de vista desde donde mirar los problemas del mundo; su vida diaria nos ofrece modelos para establecer relaciones interpersonales y sociales para vivir la reciprocidad, la solidaridad o la relación con los antepasados y los que todavía no nacen. También nos enseñan con tenacidad y persistencia cómo la identidad asumida a fondo es fuente de energía e insumo para la resistencia.

La nación mexicana tiene una gran diversidad sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. Podemos conocerla, fortalecerla, acrecentarla y enriquecernos con ella. Al relacionarnos con respeto con sus descendientes, se convierten en fuente de originalidad y pluralidad, materia de innovación, creatividad, intercambio y enriquecimiento para todos. Para la UNESCO, así como para el género humano, la diversidad cultural es tan necesaria como lo es la diversidad biológica para los organismos vivos, razón por la que constituye un patrimonio común que pertenece a la humanidad y que debe ser reconocido y salvaguardado en beneficio de las generaciones presentes y futuras, ya que también es fuente de desarrollo económico, intelectual, moral y social. Asimismo, considera que todas las culturas tienen el derecho a desarrollarse en condiciones de igualdad por lo que identifica la permanencia de la diversidad cultural como un derecho humano.

Por lo anterior, las políticas que favorecen la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz, en virtud de que el pluralismo cultural constituye la respuesta política a la existencia misma de la diversidad cultural y al desarrollo de las capacidades creadoras que alimentan la vida pública. También establece que los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son universales, indisociables e interdependientes.

En resumen, toda persona debe tener la posibilidad de expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que lo desee y en particular en su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural; toda persona debe tener la posibilidad de participar en la vida cultural que elija y conformarse a las prácticas de su propia cultura, dentro de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

Epistemología

Disciplina filosófica que estudia los principios materiales del conocimiento humano. Es decir, mientras la lógica investiga la corrección formal del pensamiento, su concordancia consigo mismo, la epistemología pregunta por la verdad del pensamiento, por su concordancia con el objeto; la primera es la teoría del pensamiento correcto, la segunda la teoría del pensamiento verdadero. Por consiguiente, los principales problemas epistemológicos son: la posibilidad del conocimiento, su origen o fundamento, su esencia o trascendencia, y el criterio de verdad.

Una Epistemología para hacer las paces, implica el surgimiento de todo un conjunto de reflexiones y críticas a las que primero se ha denominado Investigación de la Paz “Peace Research” y, posteriormente, de Estudios para la Paz. Todos los planteamientos teóricos nos ayudan a comprender y construir cómo podemos enfrentarnos y analizar la realidad en la que nos encontramos inmersos en este inicio de siglo XXI, donde la violencia (directa, estructural, cultural y/o simbólica) se nos presenta de forma permanente y constante.

Sin embargo, nuestra primera afirmación y tesis de partida, es que si las guerras nacen en la mente de los seres humanos, es en la mente de los seres humanos donde deben erigirse los baluartes de la paz, como señala el preámbulo de la Declaración de Derechos Humanos. Es aquí, en la mente, donde tenemos que realizar un esfuerzo para pensar y obrar en términos de cultura de paz, y demostrar a nosotros y a los “otros” una confianza ciega por la especie humana, para regular pacíficamente todos los conflictos. No existen conflictos sin solución.

Nuestra segunda afirmación es que la paz, como realidad social, (económica, política y cultural), debe ser investigada por todos, sabiendo que los seres humanos somos actores de la paz. Sabemos que somos portadores del “virus” de la paz, desarrollemos pues su enfermedad dentro de toda la humanidad para que nuestro mundo sea más justo y perdurable.

Los Estudios para la Paz abordan temas como la violencia directa, que incluye las guerras; la violencia estructural, que reflexiona sobre las necesidades básicas, la
pobreza, el desarrollo, la justicia social, etc.; y la violencia cultural, que incluye las legitimaciones discursivas y, en general, simbólicas de las violencias estructurales y directas (físicas, verbales y psicológicas). También estudian las agresiones, los conflictos humanos (desde los interpersonales a los bélicos) y las llamadas Relaciones Internacionales. Además, una parte de los estudios de la guerra se relacionan con los Estudios Humanitarios, que atienden así mismo a personas y colectivos humanos en situaciones de catástrofes, mientras otra parte del análisis de la violencia estructural tiene que ver con los Estudios de la Cooperación para el Desarrollo.

A continucación un video del grupo argentino Les Luthiers  donde se hace mofa de la epistemología. Les Luthiers  es un grupo argentino de humor que utiliza la música como un elemento fundamental de sus actuaciones, en las que utiliza instrumentos informales creados a partir de materiales de la vida cotidiana. De esta característica, proviene su nombre, de la palabra luthier que en francés significa «creadores de instrumentos musicales».

El ser humano como generador de violencia y paz

El escrito siguiente es una recopilación de fragmentos de un trabajo mucho más largo de la pluma de Isabel Aguilar Umaña.

Acostumbrados a deambular en una sociedad que nos ha heredado una convivencia bajo estructuras generales e individuales de violencia, los seres humanos hemos perdido la capacidad de asombro. Ésta se sustituye, más bien, por el viejo recurso del morbo, al que se acude cuando las manifestaciones de violencia llegan a transgredir los límites de lo imaginado, o bien, cuando los medios de comunicación se encargan de reforzar y, casi, casi, de bombardear con información que de una u otra forma mueva la conciencia de las sociedades hacia determinados fines. Y sin embargo, la violencia se encuentra no sólo en sus manifestaciones más agudas o visibles (destrucción masiva, guerra, asesinatos, genocidio, atentados terroristas), sino está también arraigada en la convivencia cotidiana de los seres humanos y las colectividades.

Puede decirse, entonces, que la violencia, en sus formas más cotidianas, permanece invisibilizada y tiende a no asombrarnos. Puede decirse que hasta

El símbolo de "amor y paz"

nos parece normal, pues nos hemos acostumbrado tanto a ella que permanecemos incólumes e indiferentes cuando los niños juegan a asesinarse mutuamente, cuando un ladrón es vapuleado hasta el cansancio como consecuencia del delito cometido, o cuando una mujer es violentada por su esposo en aras de la dominación y el machismo.

La violencia se encuentra tan arraigada que el miedo natural que provoca se ha convertido en indiferencia. Ésta es como una especie de mecanismo de defensa internalizado, también, en nuestros patrones culturales.

Así pues, la relación violencia-miedo-indiferencia se encuentra tan afincada en nuestras maneras de ser y existir, que son muy pocas las personas que la advierten, y por ende, la cuestionan o ponen en evidencia sus motivaciones más íntimas.

Escena de el 2 de octubre de 1968. (Foto: Proceso)

La violencia se produce y es generadora de todo un ciclo que deviene en consecuencias de destrucción, abandono, desarraigo, frustración, miedo, apatía y, en el más agudo de los casos, muerte. Pareciera ser como una serpiente que se muerde la cola y despliega una espiral de más violencia y dolor.

Existe una cultura de violencia cuando ésta se ha internalizado en las formas de percibir y conducirse ante el mundo y, por lo tanto, en las formas de responder ante las circunstancias que éste plantea.

Para Vicenç Fisas, “la cultura de la violencia es “cultura” en la medida en que a lo largo del tiempo ha sido interiorizada e incluso sacralizada por amplios sectores de muchas sociedades, a través de mitos, simbolismos, políticas, comportamientos e instituciones, y a pesar de haber causado dolor, sufrimiento y muerte a millones de seres.”

Se dice que existe una cultura de violencia cuando las acciones de naturaleza violenta suelen ser el patrón legítimo de respuesta frente al conflicto. Debe hablarse de cultura de violencia, entonces, cuando ésta resulta ser el mecanismo comúnmente empleado (y también aceptado) para resolver conflictos y mantener conflictividades (y decimos mantener, ya que a travpes de las conflictividades se perpetúan las inequidades y las exclusiones de todo tipo, con lo cual suelen beneficiarse unos grupos, obviamente, en detrimento de otros).

Por su parte, Vicenç Fisas señala los siguientes fundamentos esenciales de la cultura de violencia:

  • el patriarcado y la mística de la masculinidad,
  • la búsquedad del liderazgo, el poder y el dominio,
  • la incapacidad para resolver pacificamente los conflictos,
  • el economicismo generador de desintegración social y su principio de competitividad,
  • el militarismo y el monopolio de la violencia por parte de los Estados,
  • los intereses de las grandes potencias,
  • las interpretaciones religiosas, que permiten matar a otras personas,
  • las ideologías exclusivistas,
  • el etnocentrismo y la ignorancia cultural,
  • la deshumanización (la consideración de otros seres humanos como “objetos”,
  • el mantenimiento de estructuras que perpetúan la injusticia y la falta de oportunidades y de participación.

Comprender, entonces, los resortes más profundos de la cultura del conflicto, que pueden generar una cultura de violencia, miedo e indiferencia, es un primer paso para aprestarse a la transformación hacia una cultura de paz.

 En dichas transformaciones, indudablemente, la educación habrá de jugar un papel de importancia. Si decimos que la cultura es transmisible, aprehensible y modificable, buena parte de este ciclo de construcción está conformada por elementos de naturaleza educativa.

Cabe, sin embargo, entender a la educación no sólo como un proceso escolarizado, sino desde un punto de vista holístico que involucra precisamente a las diferentes manifestaciones de la cultura (lenguaje, espiritualidad, religiosidad, expresiones simbólicas, medios masivos de comunicación, economía, política, escolaridad, etc.).

Una cultura, por más internalizada y legitimada que se encuentre, puede entonces modificarse. Esta posibilidad se convierte en un imperativo cuando se trata de transformar la cultura de violencia en una cultura de paz.

Aunque se ha repetido ya casi a la altura del slogan, la paz no es la mera ausencia de guerra. No es, tampoco, la ausencia de conflicto, pues como se ha visto, el conflicto no es negativo en sí mismo sino, dependiendo de su abordaje, puede convertirse en motor del cambio social.

Un abrazo de solidaridad, tolerancia y comprensión ayuda a la paz

Como se ve, la educación para la paz requiere ir más allá de la lucha en contra de la violencia en su manifestación directa. También requiere la lucha por la democracia, el Estado de Derecho y la vigencia de los Derechos Humanos, como mecanismos que las mismas sociedades contemporáneas han ido estableciendo con el propósito de lograr todo aquello que conforma la paz positiva a la que se refiere Fisas.

La educación para la paz, en aras de lograr la transformación hacia la cultura de paz, requiere también una educación sobre el conflicto y las maneras no-violentas de abordarlo. “Educar para la paz, sin duda alguna, implica educar sobre el conflicto, que no debe ser confundido con la violencia. Como nos recuerda Galtung, ‘educar para la paz es enseñar a la gente a encararse de manera más creativa, menos violenta, a las situaciones de conflicto y darle los medios para hacerlo.”

Congruentes con la idea de que la educación para la paz es también la educación que busca modificar radicalmente las condiciones de la violencia estructural, dícese entonces que “En cierta medida, la educación sobre el conflicto y para la paz es una educación para superar positivamente las tensiones y contradicciones que vive nuestra sociedad, que no son pocas, y que el Informe Delors sintetiza con el siguiente listado:

  • la tensión entre global y local: convertirse progresivamente en ciudadanos del mundo sin perder sus raíces,
  • la tensión entre universal e individual: el carácter único de cada ser humano, su vocación de escoger su propio futuro y realizar su pleno potencial,
  • la tensión entre la tradición y la modernidad: adaptarse al cambio sin girar la espalda al pasado. Asimilar el progreso científico,
  • la tensión entre consideraciones a largo plazo y a corto plazo: la opinión pública reclama respuestas rápidas y soluciones inteligentes, cuando muchos problemas requieren una estrategia de reforma paciente, concertada y negociada,
  • la tensión entre la indispensable competición y el interés por la igualdad de oportunidades. Es necesario conciliar tres fuerzas: la competición, que estimula,
  • la cooperación, que da fuerza; y la solidaridad, que une,
  • la tensión entre la expansión extraordinaria del conocimiento y la capacidad de los seres humanos de asimilarla,
  •  la tensión entre lo espiritual y lo material: la educación tiene la noble tarea de animar a cada persona, de acuerdo con sus tradiciones y convicciones, y respetar plenamente el pluralismo, a elevar su mente y su espíritu al nivel de lo universal, y en cierta medida, trascendirse.”

Sujeto de estudio de la Antropología

La Antropología es el estudio de la humanidad, de los pueblos antiguos y modernos, y de sus estilos de vida. Dada la amplitud y complejidad del tema, las diferentes ramas de la antropología se centran en distintos aspectos o dimensiones de la experiencia humana. Algunos antropólogos estudian la evolución de nuestra especie, denominada científicamente Homo sapiens, a partir de especies más antiguas. Otros investigan cómo el Homo sapiens ha llegado a poseer la facilidad exclusivamente humana para el lenguaje, el desarrollo y diversificación de los lenguajes y los modos en que las lenguas modernas satisfacen las necesidades de la comunicación humana. Otros, por último, se ocupan de las tradiciones aprendidas de pensamiento y conducta que denominamos culturas, investigando cómo surgieron y se diferenciaron las culturas antiguas, y cómo y por qué cambian o permanecen iguales las culturas modernas.

Dentro de los departamentos de antropología en las principales universidades de Estados Unidos las diferentes perspectivas de la antropología suelen estar representadas por cuatro campos de estudio: antropología cultural (a veces llamada antropología social), arqueología, lingüística antropológica y antropología física.

1. La antropología cultural se ocupa de la descripción y análisis de las culturas —las tradiciones socialmente aprendidas— del pasado y del presente. La etnografía, subdisciplina suya, se consagra a la descripción sistemática de culturas contemporáneas. La comparación de estas descripciones proporciona la base para hipótesis y teorías sobre las causas de los estilos de vida humanos.

2. La arqueología añade una dimensión crucial a esta empresa. Desenterrando los vestigios de culturas de épocas pasadas, los arqueólogos estudian secuencias de la evolución social y cultural bajo diversas condiciones naturales y culturales. Su aportación a la comprensión de las características actuales de la existencia humana y a la contrastación de teorías sobre la causación histórica es indispensable.

3. La lingüística antropológica aporta otra perspectiva crucial: el estudio de la gran diversidad de lenguas habladas por los seres humanos. Los lingüistas de orientación antropológica intentan reconstruir la historia de estas lenguas y de familias lingüísticas enteras. Se interesan por la forma en que el lenguaje influye y es influido por otros aspectos de la vida humana, por la relación entre la evolución del lenguaje y la evolución del Homo sapiens, así como por la relación entre la evolución de las lenguas y la evolución de las diferentes culturas.

4. La antropología física fundamenta los demás campos de la antropología en nuestro origen animal y nuestra naturaleza biológicamente determinada. Los antropólogos físicos tratan de reconstruir el curso de la evolución humana mediante el estudio de los restos fósiles de especies antiguas. Asi
-mismo, intentan describir la distribución de las variaciones hereditarias entre las poblaciones contemporáneas, y deslindar y medir las aportaciones relativas de la herencia, la cultura y el medio ambiente a la vida humana.

La combinación de los cuatro campos de la antropología se denomina antropología general. Este libro es una introducción a los principales hallazgos en estos cuatro campos y, por tanto, a la antropología general.

Curso de Antropología para alumnos de primer semestre