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Relativismo cultural

El relativismo cultural sostiene que todas las culturas son iguales, que valen lo mismo. Cada sociedad, cada cultura es absoluta y no se puede comparar con ninguna otra, porque cada una de ellas tiene sus valores propios, mientras que el pluralismo lo que define es que hay una pluralidad de culturas pero que unas son mejores que otras y dentro de cada cultura puede haber diferencias.

La defensa indiscriminada de la diversidad cultural es presentada a menudo como una forma de combatir el imperialismo, promover la tolerancia y propiciar el igualitarismo entre las culturas.

Pero el culto a la diferencia es conservador, de derechas y fomenta la discordia entre los pueblos. Porque aunque aparentemente coloca a todas las culturas en el mismo plano, los valores de cada cultura terminan siendo absolutos y sin posibilidad de ser discutidos desde la racionalidad. Están fuera de toda critica.

Por tanto, aunque el relativismo cultural sea una manera científicamente aceptable de referirse a las diferencias culturales, no constituye la única actitud científicamente admisible.

El relativismo pone en cuestión los derechos del hombre y eso nos llevaría a pensar que tradiciones como la ablación del clítoris, el canibalismo, la lapidación o la pobreza son rasgos culturales dignos de ser conservados como logro valiosos.

Los nativos de estas culturas pueden considerar que estas practicas son una parte irrenunciable de su identidad cultural y los intentos de combatir estas tradiciones, como actos de imperalismo cultural destinados a destruir su identidad. Estas practicas y muchas otras atentan contra los derechos más elementales de las personas.

Niño de la tribu yanomami de la Amazonia venezolana

Existen unos derechos éticos universales por encima de las construcciones culturales. Por tanto, todas las culturas que mantienen estas prácticas no son dignas de respeto porque no contienen valores defendibles. El respeto por la integridad humana impide respetar cualquier pauta intercultural.

Es verdad que estos principios chocan con normas morales vigentes en muchas culturas, incluidas la nuestra, pero podríamos considerar que mientras que las normas éticas son consustanciales a todas las personas, las normas morales son solo inherentes a cada cultura.

También la ciencia podría englobarse dentro de este planteamiento, pues el conocimiento también debe adquirir categoría de validez universal. Aunque las bases de la ciencia hayan partido de una cultura concreta, una vez constituida es universal y por tanto no forma parte de una cultura. Y debe ser común a todos los pueblos.

Aquí se plantea un dilema. ¿Deben ser todas las culturas respetadas y dejadas de
la mano de la modernidad? ¿Juega siempre la civilización occidental como
cultura hegemónica, un papel globalizador perjudicial para las culturas mas
‘atrasadas’? ¿Cómo y quién ha de marcar las pautas de validez para los
valores culturales? ¿Quién esta legitimado y desde dónde?

Quizás una frase de Nietzsche nos dé una aproximación a las respuestas:

La verdad no es una cosa que existiría y que se trataría de encontrar, de descubrir, sino una cosa que es preciso crear y que permite denominar un determinado proceso, más aún permite a una voluntad forzar los hechos hasta el infinito; introducir verdad en los hechos no es la inserción en la conciencia de una realidad sólida y determinada por sí misma. Es uno de los nombres para designar la voluntad de poder.

Al intentar evaluar el relativismo cultural, debemos reconocer que sin duda
podríamos aprender muchas cosas de otras culturas. Nunca debemos caer en la
creencia de que nuestra cultura tiene todas las respuestas. Ninguna cultura
tiene el monopolio completo de la verdad. Asimismo, los cristianos deben
cuidarse de suponer que su perspectiva cristiana de sus experiencias culturales
deberían ser normativas para todas las demás culturas.

El relativismo cultural enfrenta otros problemas filosóficos. Por ejemplo, es insuficiente decir que la moral se originó en el mundo y que está cambiando constantemente. Los relativistas culturales tienen que contestar cómo se originó el valor del no valor. ¿Cómo surgió el primer valor?

Además, ¿hay lugar para que personas valientes desafíen la norma cultural y luchen contra el mal social? El relativismo moral no parece dejar ningún lugar para los reformadores sociales. El movimiento abolicionista, el movimiento sufragista y el movimiento de los derechos civiles son todos ejemplos de movimientos sociales que fueron en contra de las circunstancias sociales de la cultura. Abolir la esclavitud y dar derechos a los ciudadanos son cosas buenas,
aun cuando fueran resistidas por muchas personas dentro de la sociedad.